07 marzo 2011

Yo había dejado la música .



Sí, yo había dejado la música. Es que siempre llega un punto en el que terminamos desquitándonos con el placer que más nos llena, sobre todo porque, en ese momento, me di cuenta, y a muchos debe pasarnos con nuestros propios placeres, que seguir viviendo en su compañía hacía cada día mas tortuoso. Cada línea y estrofa de tu canción favorita te recuerdan algo, alguien, un buen momento, una extraordinaria compañia, un problema sin solucionar... En fin, tu propia historia. Mi música es mi vida, cada canción habla sobre mí, y los que están, y los que estuvieron, y lo que vivo y lo que viví con ellos. Por eso la dejé, era mucho más difícil seguir con ella, a pesar de que en la soledad y la tristeza siempre fue la mejor compañía. Es que talves deberíamos aprender a dejar esos placeres para la exclusividad de nosotros mismos, pero nadie nos enseña. Además, ¿ qué sería de un puto placer si no puedes compartirlo con otros? ¿Si no es también el placer de muchos más? Y es que al final nada en el mundo es sólo nuestro, es que nos obligan a darnos cuenta que somos todos distintos y particulares y únicos, pero finalmente compartimos todo, nada nos pertenece totalmente, talves, con un poco de fe, la emoción y sensación que te llena, y de eso tampoco estoy muy segura, al final, todos nos sentimos así en algún punto. Así me di cuenta que, aunque esta música sea más mía que de nadie, que yo misma se la haya dado a mucha gente por razones que nos unían, ese sonido es parte incluso de las vidas de quienes ni siquiera pensamos, y talves de algunos que no queramos. Finalmente ya no sé si la conclusión es que si es más fácil vivir de la música o sin ella, ambas son desafíos gigantes, al menos para mí, pero yo decidí volver, hace un tiempo, porque cuando sanas te das cuenta de que, por mucho que duela, todo ya está escrito, y nada mejor que ponerle banda sonora al sonido de tus pasos por la calle cuando vas solo, a una tarde de junio encerrado en tu pieza, y quizá cuánta cosa más... Nada mejor. Al final, como concordé con muchos en algún momento, sólo sabes que te curaste cuando escuchas una canción de Blackfield en la soledad y te das cuenta que ya no te entristece. Eso sí que es desafío. Talves ni estoy tan sana como creo...

En fin, una oda para ellos, los que me regalaron el mayor placer de mi vida, y los que no se cansan de seguir haciendolo a diario, un gracias a los que ya se detuvieron y me dejaron un gran regalo, una canción especial para cada día .

2 comentarios:

  1. Y sucede que al ver alguien que escucha algo de tu música surge un poco de misantropismo hacia esa persona, son los celos musicales.

    Es como ver a un flaite escuchando Pink Floyd.

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